Nueva versión después de 102 años, ¿habrá conectado con la generación actual y valió la pena el costo de producción?

De la mano de Robert Eggers cuyo estilo de dirección es distinto a lo que estamos acostumbrados, con películas como The Witch, Lighthouse logró cautivar al público que estaba asqueado de las producciones mediocres basadas en fondo verde y CGI, la revolución que está provocando es poderosa porque está atrayendo a espectadores que se habían alejado de las salas porque el cine había sido inyectado muy visiblemente con propaganda de igualdad de género, aunque muchas series de tv sufrieron ese desgaste las casas como Max, Apple tv, Paramount, no cambiaron radicalmente como si ocurrió a Amazon, Netflix y Disney.

El resultado es que las salas de cine estaban cada vez más vacías y la gente más asqueada, no querían propaganda descarada en sus películas y en consecuencia se volcaron hacia las producciones de las aplicaciones de streaming.
Las grandes casas pudieron soportar por algunos años la falta de público pero uno a uno fueron apartandose de a poco de ese proyecto de igualdad de género.
El momento era oportuno para que surgiera un director que pudiera darle nuevos aires a la alta producción cinematográfica.
La versión anterior de Nosferatu data del año 1922, de inmediato se convirtió en una película de culto, era un concepto simple sin complicados efectos visuales (no había mucho para elegir en esos tiempos) la aceptación del público fue unánime, la película sobre un vampiro había logrado hacerse un espacio entre su generación y sin importar el tiempo o las tecnologías venideras su sitio de honor no lo perdería.

Luego de 102 años llega una nueva versión de la aclamada película de terror Nosferatu, con un costo de producción de $50 millones. Inevitablemente muchos decidieron ir a verla al sentir que serían parte de la historia, nada es tan cautivante como sentir que están viendo una película que probablemente sus padres vieron en una calidad inferior. En su primer fin de semana recaudo $21.2 millones en Estados Unidos.
La película es una obra excepcional principalmente porque no destruye el concepto original sino por el contrario le da un alma a una historia vieja. Sin embargo el concepto no llega a cuajar completamente debido a que en la segunda mitad el relato se vuelve tedioso, los espectadores tienen la sensación de haberla visto y en consecuencia el final no los toma por sorpresa.
La película es un trabajo enorme y bien realizado, su mercadeo fantástico pero su adaptación no fue lo que se esperaba, no decepcionó pero tampoco tuvo el potencial de marcar un antes y un después.
En cuanto a la dirección, Robert Eggers surgió en un momento en que la falta de público en el cine exigía un cambio de rumbo, su estilo único le está valiendo para posicionarse como uno de los mejores directores, aún debe demostrar y recorrer mucho pero su potencial es innegable.
