Cuando un viaje se inicia con la esperanza de volver

Mag Castell.-
Recorriendo diferentes municipios en cada departamento de Guatemala sale a relucir una realidad que resulta muy interesante de analizar.
Las personas de escasos recursos cuya realidad está definida antes de nacer se encuentran en la disyuntiva de continuar el círculo de miseria o arriesgarlo todo y buscar suerte en un país donde abiertamente se ha dicho que no será bienvenido. Aún con todo lo malo que encuentre en el camino, la alternativa resulta impensable.
Francisca era una venerable anciana que sin saber leer ni escribir, poseía una fe en Dios y la virgen María. Perteneciente a una rama de los franciscanos que era llamada la tercera orden, donde eran miembros aquellos que siendo laicos se sintieran atrapados por las palabras de su fundador San Francisco de Asís.
Junto a ella otras mujeres quienes fueron creyentes que Dios y/o la virgen María había aparecido en un cerro donde en aquél momento no había nada más que terrenos baldíos. Se propusieron construir una pequeña galera que albergara a las personas que quisieran orar.

Francisca fue quien encabezó la cruzada para llevar a cabo la obra de Dios, la actividad atrajo cada vez más gente. Los hijos de la matriarca se marcharon de Guatemala con la idea de trabajar para poder construir la iglesia católica como lo soñó Francisca.
A la vez que podrían trabajabar para la obra de Dios, terminarían de construir sus casas. La idea se extendió rápidamente entre los hijos y nietos de la señora.

La iglesia comenzó a levantarse poco a poco, los donativos a tal obra provenientes de Estados Unidos, seguía siendo la parte medular, la guía sin la cual muchos dudaban funcionará era la señora Francisca.
Los descendientes se ponían de acuerdo para llevarla por temporadas a pasear a Estados Unidos. Ya se habían establecido en los diferentes barrios de estados tan grandes como todo centro américa, la cultura de ellos era diferente a la que ella conoció, una mezcla de tradiciones, donde la comida, música y los servicios de emergencia eran tan extrañamente agradables que provocaban en ella el deseo de volver pronto a su propia tierra.
En cierta ocasión Antonio hijo de Francisca expresaba de forma melancólica al terminar el rezo del rosario en la entonces galera del cerro de la virgen; «irse al norte (Estados Unidos) es cosa del diablo, uno viaja por primera vez con la idea de construir su casa, ayudar a levantar la iglesia pero tiene claro que volverá pronto, cuando regresa a Guatemala ya no se haya y solo espera el momento de poder volver al país que lo tiene todo».
No es caso aislado, en nuestra investigación hemos encontrado muchas casas en completo abandono. Las personas viajan pero luego no desean volver y en muchos casos las enormes construcciones sirven para acumular polvo.
Al morir Francisca la iglesia quedó sino abandonada del todo sí muy descuidada, de esa cuenta es triste ver a los que dejan el país, alejándose no solo físicamente sino espiritualmente. Muchos proyectos en los que creían al vivir en Guatemala, lejos sólo con ayuda financiera intentan dar la impresión que nada ha cambiado, pero al ver los edificios, resulta a simple vista que ahora no hay tiempo y en muchos casos no hay motivación por continuar creyendo con la misma fe que antes.

Volver a Guatemala es para muchos una idea absurda, tener en mente devolver algo al país de origen es realmente admirable. Pocos lo han hecho y sin embargo merecen elogios por no olvidarse de los que se quedan en Guatemala.
Tal el caso del fundador de Duolingo; Luis Von Ahn, quien sin regresar al país, ha creado diferentes negocios dando trabajo a muchas personas. Una entre tantas formas de regresarle algo a la gente del país más bello del mundo.

Salir adelante en Estados Unidos debería impulsar el crecimiento dentro de cada país centroamericano para que toda el área disfrute de una ansiada edad de oro. La meta debe ser que la gente no tenga como única opción de desarrollo arriesgar su vida en tan largo viaje.